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México quedó fascinado. La noche del 22 de febrero de 1962, Marilyn Monroe llegó de incógnito a la Ciudad de México. Lucía un vestido verde amarillo. Antes de que alguien la reconociera, subió a un automóvil que la llevó a avenida Reforma al Hotel Continental Hilton, que luego se le conocería sólo como Hotel Continental. En la puerta de su habitación había un enorme letrero: “no se admiten visitas”.

